CUAL ES EL NUMERO IDEAL DE CANARIOS EN UN CRIADERO

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CUAL ES EL NUMERO IDEAL DE CANARIOS EN UN CRIADERO

Por Alejandro Cuervo

Este comentario viene relacionado con las numerosas conversaciones en las que, entre todas las alusiones a los buenos ratos que nos da nuestra afición a la canaricultura, se nos escapa alguna queja sobre los sacrificios que nos exigen nuestros pajaritos. En la mayoría de las ocasiones, el mayor quebradero de cabeza lo produce nuestra ausencia del domicilio más de un día. Ese asunto merece tratamiento más a fondo.

Lo que ahora queremos es centrarnos en el día a día del criadero y en la proporción directa entre el “tamaño” (tanto en número de ejemplares como de jaulas) del mismo y las horas de trabajo que requiere.

Todos hemos tenido cambios de domicilio y, por tanto, de criadero, o hemos intentado mejorar, a lo largo de los años, nuestro espacio para los canarios. Lo habitual es haber tenido criaderos en domicilios distintos, según te va llevando la vida, con lo que tu criadero también cambia y evoluciona.

Normalmente, el primero se resuelve de la siguiente forma: En cualquier habitación de la casa, o en una terraza, se coloca un jaulón de vuelo, unas pocas jaulas de cría y media docena de jaulitas de concurso. Con dos, máximo, cuatro parejas, arreglado. El año que más, sacas veintitantos pollos.

Cuando uno va teniendo más afición, mas sitio, o más ganas. Se tiende a aumentar el número de jaulas de cría, y su calidad, y  se da el salto a criar con ocho parejas o más, con lo que ya se necesitan más jaulones de vuelo, cajoneras para jaulitas de concurso, etc. Y se empiezan a criar unos 50 pajaritos al año, lo justo para hacerse criador nacional.

Y si te lías, empiezas a tener jaulones largos, de vuelo y cría, en bloques de varias alturas, una estantería para cuarenta o cincuenta jaulas de concurso, y aspiras a obtener, cada año, más de cien pájaros.

¿Cuál es el mejor? Hombre, pues cada uno tendrá lo suyo.

En principio, queda claro que la disponibilidad de espacio es fundamental. Si se tiene poco sitio, uno hará lo que pueda. Ahí no hay dilema. En otras ocasiones, se dispone de sitio en abundancia y, a base de irlo llenando de jaulas y las jaulas de pájaros, acaba pareciendo poco. Para ir definiendo parámetros, podríamos considerar como espacio razonable para un criadero un sitio con luz y ventilación aceptable, con una superficie entre cuatro y doce metros cuadrados.

El siguiente fundamento, es la disponibilidad de tiempo. Será distinta la situación del que tiene muchas actividades que atender que, por ejemplo, la del jubilado que puede dedicar a su afición gran parte de su jornada. En todo caso, aquí tampoco hay que equivocar los términos. Aunque se disponga de tiempo libre, no se trata de ocuparlo “trabajando” en el criadero. Se debería trabajar lo justo y solazarse el resto del tiempo. Llamo trabajar a limpiar jaulas y proveerlas de comida y agua. Solazarse, al resto de actividades que uno pueda hacer en su criadero. En mi opinión, no deberíamos tener que trabajar más de treinta o cuarenta minutos diarios, de media, lo que supone un máximo de cuatro-cinco horas semanales. Normalmente todo el mundo tiene un día a la semana para la limpieza general, y los demás días se suelen hacer limpiezas esporádicas y la distribución de comida y agua.

Si disponemos, por tanto, del tiempo antedicho para trabajar, y de un espacio como el descrito, deberíamos planificar el criadero de forma que permita disfrutar al máximo del mismo y obtener un buen rendimiento. Para ello, debemos mantener un número de ejemplares suficiente para obtener buenos resultados sin incurrir en aglomeraciones que solo traerán consecuencias nocivas de todo tipo (picaje, transmisión de enfermedades, copia de faltas en el canto, etc.).

La cantidad de canarios de un criadero es evidente que varía a lo largo del año. En enero, ya pasados los concursos y seleccionados los reproductores, tendremos el menor censo. Hasta marzo, que empieza la cría, no empezará a incrementarse. Junio, julio, agosto y septiembre son los meses de mayor densidad de población. En octubre, noviembre y diciembre podremos ir disminuyendo efectivos mediante la selección y clasificación.

El trabajo depende no sólo del número de ejemplares, sino de su ubicación. Y es sabido que una voladera con cien canarios se limpia en poco más tiempo que un jaulón con diez. Así, y considerando que los meses de mayor densidad de población coinciden con la utilización de voladeras para desarrollo de los pichones y muda de reproductores, el tiempo de trabajo no se incrementa significativamente. La temporada de entrenamiento trae más jaulas que limpiar, ya que los machitos ocupan una jaulita cada uno. Y es en la cría cuando es mayor el tiempo necesario para proveer de alimentación a las parejas y   pollitos y limpiar la suciedad que se genera. Conviene tener en cuenta todos estos factores para proyectar el criadero.

En nuestra opinión, para mantener y mejorar una estirpe y disfrutar de la escucha de unos buenos pájaros se precisa obtener, anualmente, no menos de veinticinco machos, que agruparíamos en cinco-seis equipos. Para obtener, tras la selección correspondiente, seis-ocho ejemplares de alto nivel. Criar entre cincuenta y sesenta pichones, sin sobresaltos, precisa ocho o diez hembras reproductoras. Iniciaríamos enero, pues, con unas quince-dieciséis hembras, las de cría y las de reserva, y diez o doce machos, también incluyendo reservas. Eso sumaría un punto mínimo de veinticinco canarios, llegando a un máximo de población situado en la horquilla entre setenta y cinco y noventa pajaritos. Situados en voladeras, ocuparían un bloque de jaulas de unos tres-cuatro metros cúbicos (con dos metros de altura, valdría con uno de fondo y dos de superficie). Con la conveniente conversión de las jaulas de cría en voladeras, para mantener este criadero nos sería suficiente con doce jaulones de cría, de los de metro. En cuatro alturas, ocuparían un espacio muy asequible. Sólo necesitaríamos una estantería para jaulas de machos.

Para mejorar manejo e higiene, es conveniente no tener todas las jaulas ocupadas. Siempre se agradece una jaula limpia y vacía donde alojar algunos ejemplares, donde cambiarlos mientras se limpia a fondo otra jaula, etc.

Así, el criador amateur podrá disfrutar de su afición porque mantendrá su criadero en excelentes condiciones de higiene, con poco trabajo, logrando pájaros sanos, que conocerá perfectamente porque tendrá más tiempo para controlar la evolución individual de cada uno.

No olvidéis que el paso de hobby a trabajo es cortito, y que el convertir afición en obligación desilusiona y cansa.

Refranero español: Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Vale más poco y bueno que mucho y malo. Es mejor calidad que cantidad. Y etcétera.

Disfruta, que ya trabajas bastante en otras cosas. Y con un equipito bueno al año, se pasa de cine por los concursos.

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