HILARIO GONZÁLEZ FERNÁNDEZ

Porcroller

HILARIO GONZÁLEZ FERNÁNDEZ

Por Luis Granero

Tuve mis primeros contactos con el canario Roller allá por los años 70 (mediados-finales de esa década). Un vecino mío y gran criador, ya fallecido, D. Antonio Cruzado, me proporcionó mi primera hembra Roller; pero no quiso cederme una parejita como yo le solicité. Yo contaba con 12-14 años. Me enseñó su criadero (tenía el revolador lleno de jóvenes canarios). La razón que adujo para frenar mis ímpetus fue muy simple, pero muy cierta: “Granerico (así me llamaba; me conocía desde que nací), estos canarios son difíciles, llevan mucha faena, estás todo el año liado con ellos y hay que tener mucho oído”. Ciertamente eso me marcó; ¿qué poseerían estos canarios, que tan complicado era criarlos? No pude entonces dedicarme a la cría de este canario, como creo que ya entonces deseaba.

Muchos años después, cuando mi situación profesional se estabilizó y tuve por fin una residencia fija, aquí en Valencia, me planteé volver a criar canarios. Y cómo no, el canario Harz fue el elegido. Sabía algo de él (poco, puedo decir ahora que sé algo más), pero tenía claro que quería dedicarme a la cría del mejor cantor entre los canarios; el cantante de opera entre las aves canoras, comó se ha llegado a decir.

Adquirí un macho y dos hembritas de otro criador de Elda, pero no me satisfizo este inicio. Conocí a través de la Sociedad Ornitológica de Valencia a D. Isidro Mateo que, no sólo me proporcionó unas hembras que para mí fueron de incalculable valor sino que, lo más importante, me llevó a casa de Hilario; “éste tiene los mejores Roller que puedas oír en Valencia”, me dijo. Y así fue como conocí a este gran criador.

Me llevó a casa de Hilario (y de la señora María que, no nos equivoquemos, sabe más de Roller que muchos de nosotros) y fuimos presentados. Todo un personaje. Para los que no le conocen personalmente daré una breve descripción: más bien bajito, seco de carnes -enjuto sería el calificativo-, fumador empedernido y de carácter agrio. Pero con los amigos muy cordial. Amigo de sus amigos.

Me prometió reservarme unas parejas (era junio) y me emplazó para los meses de octubre-noviembre, no sólo para presentarme a más criadores, sino (y esto para mí era muy importante) para mostrarme sus cantores.

En las fechas acordadas, cuya llegada yo esperé ansiosamente, le llamé por teléfono y concretamos la cita. Lo primero que hizo, (él era así, nada más llegar un compañero criador y tras los saludos pertinentes, comenzaba a sacar equipos desde el cuartito oscuro a la pequeña salita de su casa, sin más historias ni preámbulos), como digo, lo primero que hizo fue colocarme el mejor equipo de entre los varios que estaba preparando. Quedé alucinado. Esos eran los pájaros que yo quería criar. Eran una melodía, una melodía incansable, sin estridencias, hueca, muy hueca: la u lo llenaba todo. Además, (me sorprendí), eran unos pájaros grandes y muy tranquilos: yo pude observar como cantaban en su propia cara y durante el traslado desde el cuartito hasta la salita.

En aquellas fechas, yo no entendía mucho lo que Hilario decía: “este va muy bien de hohl”, “mira, mira que flauta”, ” mira que knorr”… Fue increíble.

A partir de ahí casi todas las semanas, un día entre semana, me escapaba del trabajo y me iba a su casa. Aprendí mucho con él, sobre el canto de este canario y sobre lo que él hacía con sus pájaros, enseñanzas que yo intento replicar, en algunos aspectos, tal cual las aprendí. De sus manos también aprendí lo que era un concurso de canaricultura Roller (asistí con él a mi primer concurso que se celebró en Alboraya, organizado por Vicente Trinidad).

Pero aprendí sobre todo a apreciar el valor del Knorren. Si sus pájaros tuvieran que definirse en una palabra, esa es: KNORREN. Y no quiere eso decir que no fueran buenos en Hohlrollen, Hohlklingeln o Pfeiffen, no. Basta con consultar los catálogos de concursos y las planillas para darse cuenta de ello. Sus pájaros eran completos. Por ejemplo, a pesar de la oquedad por todos deseada, sus canarios poseían bellísimos klingeln (nota que, dicho sea de paso, todos deberíamos cuidar y cultivar en nuestros canarios) que afortunadamente aún escucho en mi casa, y que intercalados en el repertorio, y emitidos con blandura y sin estridencias, enriquecían el canto de sus canarios de un modo notable.

Pero el Knorren destacaba en el canto de este canario. No era un Knorren de transición, de enlace entre otros pasajes de la canción (muy habitual en algunos canarios roller). Era un Knorren prolongado, sostenido, modulado, que se dejaba escuchar y en el que los canarios se recreaban.

Alguna vez he oído decir que el tour por excelencia del canario roller es el Hohlrollen. Y es cierto, pero, en mi modesta opinión, con matizaciones. Si alguien hubiera escuchado atentamente un pájaro de Hilario, sin que mediasen animadversiones personales, que las tuvo y muchas, comprendería lo que voy a decir: un buen hohlrollen (de mínimo 23 puntos) sin un knorren adecuado da como resultado un pájaro sin personalidad; no debe olvidarse que el knorren es la variación más grave que emite el canario roller y creo que, por ello, la más espectacular. Nosotros llamábamos (sin ánimo despreciativo) “blandos” a los canarios con buen o muy buen  hohlrollen pero en los que el knorren no se deja oír. Sobre gustos no hay nada escrito y se deben respetar todas las opciones, pero a nosotros nos gusta, y por ello lo defendemos, el canario con Knorren potente y patente.

Hace poco, en casa de un gran amigo y excelente criador de esta estirpe de canarios, Rafa Alabau, tuve la oportunidad de escuchar un ejemplar descendiente de canarios de Hilario (procedente del criadero de Alejandro Cuervo) que tenía un knorren increíble, de libro, como sólo había escuchado en casa de Hilario. Ése es el canario Harz que yo busco. Un canario como gustaba a Hilario. El gruñido profundo, como lo llaman los franceses al knorren, confiere personalidad al canto de este canario y esto Hilario lo tenía muy claro. Coincido con las palabras de D. Antonio Drove Aza: “el knorren resulta bellísimo cuando lo interpreta un canario con perfección” o “el knorren debe emitirse con cierto carácter de rabia y dureza en relación con la nobleza y dulzura de los hohlrollen clásicos”. A mí, como el lector puede comprobar, el knorren es la nota que más me gusta de este canario y eso se lo debo a Hilario.

Pero ojo, como es lógico, también tienen/tenían defectos estos pájaros. El principal: son propensos, muy propensos, a mixtificar las flautas (la convierten en flauta gluckada con suma facilidad). En ellos el glucken es algo normal: de hecho es raro el canario adulto de esta estirpe que no emite glucken. Eso a veces conduce a mixtificaciones, agradables algunas al oído (por ejemplo, tengo en casa un ejemplar de Hilario del año 97, el 7 (484-97), con el cual aún he criado esta temporada, que presenta un glucknorren precioso). Pero en otras ocasiones (en muchas desgraciadamente) la mixtificación da como resultado notas muy desagradables.

De la cría de esta estirpe puedes esperarlo todo y nada; pueden perfectamente aparecer ejemplares muy completos y equilibrados en su repertorio; véase por ejemplo el último equipo que presentó Hilario a un concurso (en concreto al XXII Abierto Nacional celebrado en Horno de Alcedo en 1999):

ANILLA

HR

KNR

WS

HKL

PFE

SCH

GLK

KLI

KLR

IMP

SUMA

TOTAL

16/484/99

23

23

 

16

16

 

 

 

3

9

90

 

28/484/99

22

22

 

16

17

 

 

 

3

9

90

 

03/484/99

23

23

 

16

17

 

 

 

3

8

90

 

04/484/99

23

23

 

17

17

 

 

 

3

7

90

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

359

362

¡Quién pillara esta planilla! Estos ejemplares, que disfruto este año gracias a la generosidad de Hilario y de Rafa Alabau, fueron el resultado de la última temporada en activo de Hilario. Y lo que a mí más me sorprende: no son el resultado de una cría masiva: no sacó en ese año más de 20-25 jóvenes (entre machos y hembras) en total.

Como decía, de esta estirpe pueden obtenerse ejemplares en los que coexista una flauta de 17 puntos con la emisión de un glucken simple agradable al oído, lo cual desde mi punto de vista es enriquecedor. Dispongo, por ejemplo, este año de un macho del año 2002 (el 22 (V323-02)) hijo de pájaros de Hilario, con la siguiente puntuación en el concurso celebrado en el año 2002 en Horno de Alcedo (Valencia): 22/22/16/16/2 glucken/2 Klingeln/2 Klingelrolle/ 8 impresión. Pero también pueden salir y de hecho salen auténticas piedras: ejemplares duros, en los que predominan las consonantes (k y r) y con 13 o menos de flauta, porque es una flauta gluckada muy mala y repetitiva.

El manejo de la sangre, como Hilario decía, es crucial para no echar a perder un criadero de estos canarios. Y yo lo he vivido en mis propias carnes. Hay que saber incorporar sangre nueva y de determinadas características para sacarles el auténtico valor a estos canarios. Sólo Hilario sabía hacer esto a la perfección. Otros sólo lo intentamos. Pero ciertos discípulos suyos también lo han conseguido con gran éxito (léase Alabau) y eso anima a otros, como yo, a seguir intentándolo cada año con estos canarios, a pesar de los desaguisados que pueden acaecer.

Un buen amigo que todos conocéis, Alejandro Cuervo, acuñó el término “Vitorino” para referirse a estos canarios, que también él conoce y cultiva. Y, ciertamente, el símil taurino es válido. Son auténticos Vitorinos. Los canarios que Hilario poseía en su casa eran un torbellino, pero ojo no un torbellino estridente. Al contrario, sus canarios tenían sonoridad, oquedad, volumen, fuerza de emisión. Las vocales sonaban plenas, redondas. Las consonantes, las adecuadas y apenas percibidas en notas importantes como el holhrollen. Y eran incansables: estaban 20 minutos en la mesa y 20 minutos que estaban cantando sin parar, sin bajones ni altibajos, a un gran nivel. En la preparación, Hilario era implacable: si un canario emitía alguna pequeña nota discordante lo “achuchaba” para que no volviera a repetirla. Él mantenía la opinión de que algunos pequeños defectos (insisto, pequeños), si se detectaban a tiempo, podían corregirse con la constancia adecuada por parte del criador.

Anatómicamente los canarios de Hilario eran, como ya indiqué, canarios grandes, enormes me atrevería a decir, de pechos amplios y poderosas patas. Se sospechó a veces que Hilario presentaba pájaros adultos a los concursos. Nada más lejos de la realidad. Su tamaño derivaba de la alimentación y el ambiente que les proporcionaba: “en mi casa los pájaros comen” me decía. Y es cierto. No he conocido a ningún otro criador que desde el nacimiento hasta la muerte, incluso en época de concursos, alimentase a los pájaros como él. Alpiste, nabina, cañamón pequeño, rábano y negrillo constituían los pilares de su mixtura. Siempre. Y pasta de cría mezclada con pan rallado, zanahoria rallada y un poquito de miel si era necesario, el complemento diario. Mold-Curb siempre en el agua (parcialmente carente de cloro) de bebida y sol, pero bien dosificado, en su justa medida y en los momentos de la preparación adecuados. Resultado: sus pájaros, como decía él, “no mentían”; el que era bueno (que en su casa y en esos años en que yo le conocí, lo eran casi todos) era muy bueno. Poseían como ya he dicho volumen, sonoridad, oquedad, todo lo que aún buscamos y a veces encontramos, afortunadamente, algunos criadores del canario Harz.

Así es la estirpe de canarios creada por Hilario: valiente y combativa, y con el punto de dulzura necesario: auténticos canarios Roller. Al fin y al cabo un fiel reflejo de su personalidad: valiente, luchador, cordial y defensor de lo suyo hasta el final. En esencia, un gran criador de nuestro canario Roller.

soc01

Sobre el autor

croller administrator

Deja un comentario