RECUERDOS DEL ROLLER

Porcroller

RECUERDOS DEL ROLLER

Por Ángel Rodriguez Cardeña

Siempre me han gustado todas las razas y variedades de canarios,pero hay una que goza de mi predilección: el canario Roller. Lo que sigue son mis recuerdos, los recuerdos de cómo nació y creció esta maravillosa afición por los Roller,  la cual me ha proporcionado multitud de alegrías.

Mi primer encuentro con el canario Roller tuvo lugar allá por el año 1960 ó 61, cuando yo tenía 14 ó 15 años. Fue en Madrid, durante unas Navidades en el centro comercial “Los Sótanos”, (en una de las esquinas de San Bernardo con la Gran Vía). En la entrada había un cartel que anunciaba una exposición de canarios y pasé a verlos. En un lateral había unos canarios verdes y pintones que cantaban con el pico cerrado, en una posición que se aproximaba mucho a la horizontal y que emitían un sonido como si fuese el del vuelo de un moscardón. Me quedé durante un tiempo a su lado, escuchando. Además del sonido del moscardón emitían otros sonidos graves, profundos y muy musicales. Un señor de los de la organización pasó por mi lado y me dijo: “Estos son canarios flauta, también se les llama Roller, son canarios alemanes”. No dije nada, me marché de allí fuertemente impresionado.

Los domingos solía ir al Rastro, a la calle de los pájaros. Desde mi primer encuentro con el Roller escuchaba y miraba a los canarios con atención, intentando volver a encontrarme con esa raza. También procuraba escuchar las conversaciones de los aficionados por si alguno hablaba de los canarios flauta o Roller. Mi búsqueda tuvo su recompensa. Un día encontré a un señor que tenía una jaulita con hembras Roller (al menos eso era lo que el decía). Pedía 30 pts por cada una. Le pregunté que si tenía machos y me dijo que sí, que en su casa. Vivía por Río Rosas y allí me presenté. Me enseñó todos los pájaros que tenía (unos 15) que eran hijos de una única pareja. Todos pintados, pero predominando el amarillo, excepto uno que era rojo (bueno, estaba teñido de rojo), con una pequeña mancha en la cabeza. Le compré ese pájaro y una hembra por 250 pts. Ese dinero lo había conseguido trabajando en el verano como cuidador de una piscina. Con mis conocimientos actuales bien puedo decir que aquel canario no era un Roller puro, pero a mí me hizo una enorme ilusión tenerlo y escuchaba y escuchaba su canto intentando identificar las estrofas. ¿Que cómo las identificaba? Gracias a un libro. El hombre me dejó un libro sobre los canarios: “El Canario” de A. y J. Garau Salvá (libro que después pude comprar y que aún conservo). Hay en ese libro todo un apartado dedicado al canto del canario Roller que leí numerosas veces hasta casi aprenderlo de memoria. No conseguí criar ni con aquel canario rojo ni con la hembra, pero por eso no me desanimaba, yo seguía con mi ilusión por los canarios en general y por el roller en particular

Por el año 61 ó 62 vi una exposición de canarios en el Círculo de Bellas Artes. Desde aquel año hasta el 71, en que me marché de Madrid, no dejé de acudir a las magníficas exposiciones que allí se realizaron. Recuerdo perfectamente la primera vez que entré. Según se entraba hacia la izquierda se iba hacia la sala general donde había un montón de clases de canarios. Frente a la entrada había una especie de habitación, hecha con cortinas grandes y tupidas, en la que sólo había canarios Roller.

Me pareció  que había bastantes. Me estuve tiempo y tiempo escuchando ese canto tan especial, y yo disfrutaba diciendo para mis adentros: eso es un hohlrol, eso un gruñido (knorr), eso otro un hohlklingel, aquello un klingelrol, etc. Había dos categorías de canarios: los pollos y los adultos. Estaba escuchando un canario y al lado de él estaba el campeón de pollos, un canario amarillo con las alas pintadas y dos manchas en cada ojo a modo de antifaz. De repente oí un Ha-ha-ha-ha. Inmediatamente lo identifiqué, era una carcajada o Schokkel. Miré hacia el lugar de donde provenía el sonido y pude volver a escuchar, y a ver, al campeón de Pollos emitir esa melodía. Esa rara melodía la he escuchado claramente sólo cuatro veces en toda mi vida. La imagen de aquel canario no se me ha borrado a pesar de que han pasado ya muchos años desde entonces.

Algunas semanas más tarde, no muchas, en mi paseo matutino por la calle de los pájaros en el Rastro, vi un anuncio de un concurso de canarios roller en la calle de la Bolsa, en la Asociación de Cazadores y Pescadores. Acudí a aquel lugar. Los canarios estaban sobre una mesa, junto a un balcón, y en frente tres señores que anotaban cosas en unos papeles.  Después de un tiempo se retiraron esos canarios y trajeron otros y luego otros y otros y así se pasó la mañana. La gente que estaba allí hacía comentarios en los momentos de los cambios de canarios y luego se guardaba un escrupuloso silencio. Yo miraba y escuchaba asombrado a los canarios, era algo maravilloso escuchar aquellos animales. Intentaba escuchar las conversaciones de los aficionados en mi afán por aprender y saber más y más de esos pajaritos. En uno de los intervalos pregunté qué hacían esos tres señores y me contestaron que eran los jueces, que cada uno daba una puntuación de 1 a 30 y que luego se sumaban las de los tres.

Un señor que estaba por allí se sentó a mi lado, casi al final del enjuiciamiento. Cuando acabó éste empezamos a hablar de los canarios, yo le conté lo que tenía y puso una cara de sorpresa cuando le dije que yo tenía un roller rojo (entonces no había canto color). Me dijo que ese pájaro no era un roller y continuamos hablando de canarios. Le comenté que había escuchado al campeón de noveles en el Círculo de Bellas Artes y me dijo que ese canario era suyo. Aquel señor se llamaba Mario Fernández Marcote, que desde entonces se convertiría en mi maestro. Fue el comienzo de una larguísima amistad que sólo acabó cuando falleció.

A partir de entonces fui con mucha frecuencia a casa de Mario, a escuchar sus canarios. En aquel momento tenía la casa llena de pájaros. Las hembras en jaulones en las terrazas, al aire libre. Los machos en las jaulas valencianas que se usaban por aquella época, (casi envueltas en papeles para que manchasen lo menos posible) repartidos por todas las habitaciones de la casa: cuarto de baño, aseo, dormitorios (encima de los armarios), cuarto de estar. Sacaba sobre unos 40 ó 50 machos cada año. Eran canarios verdes, de pecho ancho y cabeza poderosa, con una manchita amarilla debajo del pico a modo de babero o de corbata. Recuerdo su canto vagamente: eran canarios sin gluck, marcando bien la r en el hohlrol, señalando bien el knorr que era bastante grave aunque un poco duro, el hohlklingel era rápido y las flautas en forma de lamento. Casi todos daban klingel y klingelrol. Eran canarios a los que les faltaba la musicalidad que tienen los que hay ahora. Los buenos ejemplares tenían 81, 82 puntos. Puntuaciones superiores eran muy raras. Recuerdo un pájaro de Mario al que le dieron 90 puntos en un concurso de Barcelona. Le ofrecieron por él 10.000 pts, cuando un buen canario costaba entre 300 y 500 pts. Esta noticia salió en el periódico, no recuerdo si en el ABC o en la Vanguardia; lo que sí recuerdo es que el recorte del periódico estuvo expuesto en la exposición del Círculo de Bellas Artes, junto al canario campeón, que también era de Mario. Yo escuché muchas veces a ese canario. Era un animal que nunca variaba su canto, lo mismo daba que se aproximase la época de celo, que fuese noviembre, siempre era dulce, claro y profundo. No consiguió nunca criar con él y mira que puso empeño en ello.

Mario me dejó el libro de Fratantoni sobre el canario Roller. Lo leí con avidez. Como mis ingresos eran escasos y no me lo podía comprar, copie en un cuaderno, que aún conservo, todo el capítulo en que se describe con toda minuciosidad el canto. Aquel libro, que luego he podido adquirir, ha sido el mejor libro que he conocido sobre el canario Roller por su claridad, su extensión y aspectos que abordaba. Recuerdo que cuando quería ver alguna cosa concreta me iba a la Casa del Libro y allí lo consultaba (yo vivía muy cerca) Aquel libro ha sido para mi como la Biblia y el Corán del conocimiento e  interpretación del canto roller.

Mario me regaló mi primer Roller de verdad, un canario verde, con las características anteriormente descritas, de 81 puntos, y del que me acuerdo perfectamente; fue un canario que murió a los 8 ó 9 años en casa; nunca he vuelto a tener un canario tanto tiempo. Además de ese pájaro, Mario me dio muchos más. Algunos los recuerdo muy bien. El canario pintón que tanto gustaba a mi padre y que procedía de un cruce de sus canarios con unas canarias alemanas que tenían gluck y que compró con el fin de suavizar las voces de sus pájaros. El canario alemán, un canario amarillo al que escuché el primer hohlrol vocal que he escuchado en mi vida y que estaba malo con “asma” (entonces se llamaba así a cualquier ruido respiratorio) y al que conseguí curar con ayuda de cloramfenicol. El francés, un canario de una dulzura y musicalidad extraordinaria y que me dio unos hijos excepcionales. El pintón oscuro, un canario con un knorr profundo y muy marcado. Todos estos canarios han quedado profundamente grabados en mi memoria.

Poco a poco me iba metiendo en el mundillo del canario roller. Conocí a Valentín, que vivía en la calle Minas y que tenía toda una pared de la habitación, donde hacía las jaulas, llena de canarios. ¡Qué grato recuerdo guardo de Valentín! Siempre amable, bonachón, con una sonrisa en los labios. También me honró con su amistad. Iba a veces a su casa, a charlar y a escuchar los canarios mientras hablábamos. Recuerdo un canario que le trajeron de Niza; era un canario extraordinario por su gravedad y musicalidad. Tenía canarios con gluck y era un apasionado de los concursos; eso sí, nunca le oí hablar mal de ningún juez ni de ningún otro aficionado. Aceptaba los resultados de los concursos como un caballero. Tenía una gran paciencia, cuando alguno de los pollos preferidos no rendía en un concurso normalmente decía: “cuando sea adulto será un gran pájaro”; y casi siempre acertaba, al año siguiente ese pájaro o ganaba o quedaba entre los primeros. Las hembras las tenía en jaulones en el balcón de su casa, tapadas por arriba y por un lateral con un plástico para evitar que se mojaran si llovía y recuerdo que siempre ponía a su disposición pienso del que se destinaba para pollitos.

En aquella época nadie usaba cajoneras para transportar las jaulas, ni siquiera Valentín que las hacía; se llevaban dentro de una caja de cartón atada con una cuerda y  con unos agujeritos enfrente de cada jaula. Si había que improvisar se envolvían con papel de embalar o con un plástico (en aquellos años empezaban a utilizarse los plásticos). Cuando se enviaban canarios a un concurso de otra ciudad en la mayoría de las ocasiones se mandaban por tren; se iba a la estación y se le decía al revisor que si podía llevar los canarios hasta tal estación, donde un señor los recogería; casi siempre el revisor aceptaba y se le daba una propina.

Me hice socio de una sociedad que había en la calle Concordia, en el puente de Vallecas. El presidente era Agustín Godín, una gran persona, entregado en cuerpo y alma al mundo de los canarios y que me enseñó muchas cosas sobre la técnica de la cría y el tratamiento de enfermedades. Los concursos se celebraban en el salón de actos y eran a puerta abierta. Se celebraban a finales de enero.

La gente era muy respetuosa y guardaba silencio, pero siempre había algún mal perdedor que achacaba sus malos resultados a que un “enemigo” había hecho ruido con el periódico o que había tosido y por eso sus canarios no habían rendido. Recuerdo la enorme expectación que se levantó cuando se supo que alguien iba a llevar al concurso unos roller alemanes; eran unos canarios verdes que defraudaron pues eran muy corrientitos, nada que no tuviésemos aquí. A los pocos días de celebrarse el concurso se celebraba la exposición. Por aquellos años se celebraban en el Corte Inglés. Yo llevaba a la venta los poquitos pájaros que me sobraban; siempre vendía todos. Lógicamente no se podían escuchar bien los canarios roller que había en la exposición, pero era una buena manera de dar a conocer la raza a personas que la desconocía, a la vez que era un lugar de encuentro entre los aficionados, pues junto a los roller se formaban buenas tertulias sobre nuestros pajaritos.

Las exposiciones en el Círculo de Bellas Artes se seguían celebrando año tras año. Los roller eran muy numerosos. A finales de los años 60 y comienzos de los 70 aparece un nuevo criador que llena las exposiciones de canarios roller, es Miguel del Pino. Este hombre cría canarios en gran cantidad y calidad y de las dos líneas existentes; hueca y de agua.

En estas exposiciones pasé gran cantidad de tiempo escuchando (bueno, mejor mal escuchando pues ya se sabe que en una exposición no se escucha bien a un roller) sobre todo a los canarios de agua. No tuve la suerte de poder conocer a este criador e ir a escuchar los canarios a su casa. Tuvo un canario con wasser de 7 puntos (21 actuales) y que en total sacó 90 puntos. Yo abrigaba la esperanza de que esta línea de canto se extendiese a partir de entonces, pero no sé por qué motivos este intento de “resucitar” la línea wasser acabó cuando este hombre dejó de criar canarios.

En 1971  ó 1972 conocí a Antonio Drove. Durante unos años mantuve contacto con él. Solía ir dos o tres veces cada año a su casa, a escuchar sus canarios y comprar alguno que me gustase o simplemente  a charlar con él. Era un señor muy agradable y muy educado. Tenía los canarios en una semioscuridad permanente desde finales de octubre o primeros de noviembre hasta finales de enero-febrero, en cuanto alguno se subía algo le “castigaba” con más oscuridad. En su casa los canarios cantaban con una gran suavidad y una gran dulzura de voz, pero muchos de ellos, cuando los sacabas de allí y los llevabas a otro criadero, modificaban su canto hasta tal punto que no parecían los mismos pájaros; lógicamente los ejemplares muy buenos, cuyo canto respondía más a factores genéticos que al aprendizaje, casi no lo modificaban.

En  una ocasión que fui a comprarle tres machos yo escogí uno que tenía una pequeña falta, un schwirren poco marcado; él me insistía en que no me lo llevase porque tenía una falta y que los demás ejemplares no tenían ninguna; yo insistí en aquel pájaro por su dicción clarísima, su tono hueco y la dulzura de su voz. Algunos meses después me confesó que me había llevado un canario excepcional que quería para él y que en aquel momento estaba  con los demás porque pensaba que al tener una pequeña falta no lo querría; como lo había sacado entre los que estaban a la venta no se atrevió a negarse a vendérmelo. Aquel canario me dio unos hijos muy buenos.  Lo que más me sorprendió de Drove eran los instrumentos que hacía para producir los diversos giros del canto del roller y que utilizaba durante la etapa de aprendizaje de los pollos. Los que yo le oí, y fabriqué siguiendo sus indicaciones, emitían unos hohlrol purísimos de una oquedad, dulzura y musicalidad perfecta; los hohlklingel eran lentos, pausados, huecos, como sólo se escuchan a los canarios a los que se les concede 18 puntos en esa nota; lo mismo cabe decir de las flautas; los knorr también eran muy buenos aunque no consiguió ese hohlknorre profundo que él deseaba conseguir. Me enseñó mucho sobre canto, me enseñó a identificar esos giros turbios, borrosos, que no se sabe bien lo que son a causa de que son giros con una dicción confusa; prefería la claridad a una gran oquedad si ésta iba unida a la turbidez y falta de claridad. Era un acérrimo defensor de los canarios de línea hueca pura. Si era enemigo del gluck era sobre todo por lo que él llamaba las mixtificaciones del gluck: gluckrolle, glucknorre y gluckpfeifen, notas en las que la dicción solía ser muy turbia y sólo se escuchaba un sonido carente de dulzura y musicalidad, aunque sí solían tener oquedad. Él apreciaba el gluck claro cuando no interfería en las demás notas. Su mejor canario, el austriaco, era un ejemplar de una gran dulzura, oquedad y musicalidad, que emitía un gluck hueco de 5 puntos (15 actuales).

En 1973, Salvador March edita su disco sobre el Canario Roller. Me pareció y me parece un disco excepcional. He oído otros discos europeos sobre el roller y no le llegan “ni a la altura del betún”. Es el modelo de lo que debe ser una grabación didáctica para que los aficionados conozcan y empiecen a poder valorar el canto de un canario. Este disco lo escuché con Mario primero y luego con Drove y a los dos les pareció muy bueno. Recuerdo que Drove no estaba totalmente de acuerdo con algunas de las cosas que decía March, pero era en matices. Él me explicó porqué no estaba de acuerdo y fueron unas explicaciones largas, amplias, que más que explicaciones fueron auténticas clases magistrales sobre valoración del canto roller.  A finales de 1974 veo en el último número que se editó de la revista Ornitofilia un anuncio de venta de canarios roller belgas a 100fb las hembras y a partir de 300fb los machos. Escribí pidiendo precios y me enviaron la lista de los machos cuyo precio era según puntuación. Los de 80 – 85 puntos costaban 400fb. Eso en pesetas de la época eran 150 pts las hembras y 600pts los machos; en España los precios eran  de 300 pts para las hembras y de 700-1000 pts para los machos. Pedí dos parejas. Me mandaron unos canarios con gluck.

Eran buenos ejemplares. Al año siguiente pedí tres parejas y los canarios eran todavía mejores. Uno de ellos tenía un schockel de 4 puntos (12 actuales), pero ninguno de sus hijos lo heredó. La planilla de los otros dos  venía con la forma de puntuar actual, uno de aquellos  canarios tenía 22 en hohlroll, otro tenía 23 en knorren, eran puntuaciones bastante altas para aquella época. A partir de entonces intenté hacer mi plantel con esos canarios belgas, los de Drove y los de Mario. Crié con ellos hasta el año 1979 en que me deshice de todo. Acabaron así casi 20 años en los que disfruté muchísimo de los canarios y de la compañía y amistad de otros aficionados.  La añoranza del canto roller hizo que de vez en cuando tuviese uno o dos  roller, pero siempre de una forma ocasional. Han tenido que pasar otros 20 años para que los roller criasen  otra vez en mi casa y así de nuevo poder volver a  disfrutar de los avatares de la cría,  a ilusionarme y desilusionarme con el aprendizaje de los pollos, a sentir  la emoción y belleza  del canto roller en  los concursos y a disfrutar de la amistad de otros grandes aficionados. Es la misma historia sólo que con otros personajes y con un escenario un poquito diferente.

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