Efecto jaulón, ¿efecto maldito?

Porcroller

Efecto jaulón, ¿efecto maldito?

Por José Expósito

Después de años de control y recuento, se puede afirmar que, el jaulón donde acaban el desarrollo los pollos, influye de forma definitiva sobre el canto de estos individuos.

Tomando diversas notas de referencia, entre ellas el glucken, puede concluirse que, independientemente de la familia y del ambiente de la habitación, es lo que pase dentro del jaulón lo que propicia dicha emisión. Si un ejemplar  la emite, lo harán, sin excepción, todos sus compañeros; aunque con el tiempo algunos la dejen de cantar.  Mientras que los ocupantes de otros jaulones, de la misma habitación, pueden no emitirla  y emitir otras específicas.

El primer macho que controle el habitáculo, por su mayor poder físico o agresividad, impone su canto a los que lo acompañan en el recinto, sobre todo si éste no es muy amplio; pero hasta en grandes voladeras se da este efecto.

Ahora bien ,este efecto no actúa igual   en todas las notas del repertorio. Sobre las notas ruladas es apenas perceptible, es decir, dos ejemplares que convivan en el mismo hueco pueden emitir hohlrollen muy diferentes. Por ejemplo, unos lo dan recto y algunos ondulado,  tampoco utilizan las mismas vocales; igual le sucede a los knorren. Esto  parece demostrar que estas notas son más hereditarias que las denominadas normalmente  “medias”.  Sucede, por lo menos en mi criadero, que cuando empiezan el repaso se cierran en las notas ruladas y no pasan al hohlklingel o lo dan con un ritmo casi continuo, lo cual no es  conveniente.

Sobre el hohlklingel y las pfeifen es donde se manifiesta este efecto de forma implacable, no es que todos los ejemplares emitan estas notas con el mismo valor, no, lo que sucede es que adoptan la misma forma de emisión y las mismas vocales. Y como  adopten una emisión defectuosa, no hay excepción, tendremos un montón de canarios con ese defecto. Si la emisión es correcta, sobre esa uniformidad, destacan, como es lógico, los más capacitados. Los menos dotados, podríamos decir que, lo intentan y no llegan.

Lo  más peligroso de este efecto se produce cuando dentro del jaulón o voladera  aparece lo que podemos denominar  un improvisador o adaptador. Generalmente es un ejemplar muy dotado, que es capaz  de traducir sonidos que  percibe del medio ambiente (sirenas de ambulancias, perforadoras, canto de otras aves, etc.) al canto habitual; adaptando las consonantes y vocales del repertorio para que el sonido sea muy parecido y, en algunos casos, casi perfecto; depende de la capacidad que tenga. Esta nueva forma  de cantar se extiende por el habitáculo y tendremos un montón de canarios, a veces, magníficos, pero que añaden esas notas sobre su repertorio normal y los hacen inservibles para concursar.

Por otro lado, es necesario que nuestros canarios convivan en jaulones y voladeras; si  aislamos en departamentos independientes  a los machitos jóvenes, les privaríamos  del necesario ejercicio físico para su correcto desarrollo, nuestras instalaciones deberían ser más complejas y el tiempo de cuidado se alargaría de forma apreciable. Pero, sobre todo, su canto saldría  muy perjudicado, pobre de matices y muchos no completarían el repertorio. Parece que el sentido de la vista puede influir en el aprendizaje del canto; pues el aislamiento en la misma habitación no influye en la audición  y explicaría el que dentro de jaulones de la misma habitación se produzcan emisiones con más o menos variaciones.

Como en casi todas las situaciones, debemos buscar el equilibrio y utilizar ese efecto según nos interese. Por ejemplo, si queremos introducir en nuestro criadero una nota de emisión discontinua o semidiscontinua  y adquirimos ejemplares que las posean excelentes, nos debemos desprender de todos los ejemplares que las emitan deficientes o de escaso valor, criar con esos ejemplares de emisión excelente e instalar  en jaulones, adecuados en tamaño, a cada ejemplar con sus hijos. Aquellos que tengan capacidad para emitir  correctamente, se verán apoyados por las emisiones de su padre y con constancia iremos mejorando el criadero en esa variación. Esta forma de proceder  tiene su peligro, puede que el adulto desarrolle otras notas, no convenientes, y las transmita a su prole; debemos, por tanto, estar atentos y actuar con premura si fuese necesario. De disponer de varios jaulones en las condiciones anteriores conviene que estén próximos para que el entorno también sea favorable. No soy  partidario de la educación de los jóvenes canarios con profesor; pero de practicarla, sin duda, lo haría en el jaulón de vuelo.

Para minimizar el efecto jaulón es conveniente actuar así:

  1. a) Separar los ejemplares por grupos de edad, de forma que entre el más joven y el más viejo haya una diferencia máxima de 15 a 20 días.
  2. b) Disponersaltadores individuales en las voladeras para que el repaso sea lo más independiente posible.
  3. c) Cada grupo de edad, machos y hembras, permanecerá como máximo dos meses en la voladera; pasado dicho tiempo debemos pasar los machos a jaulones.
  4. d) En cada jaulón pondremos entre ocho y diez ejemplares, anotando sus anillas para futuras consultas.
  5. e) Para facilitar el seguimiento genético debemos separar los hermanos en jaulones distintos, así, descartaremos su mutua influencia; si posteriormente resultaran excelentes, podremos afirmar que heredan genéticamente ese canto valioso.
  6. f) Cuando desciendan las temperaturas (final de agosto, principios de septiembre) el repaso se hace más intenso y debemos estar alerta, no es suficiente que el sonido sea agradable, sobre ese fondo musical puede esconderse algún indicio de falta o variación indeseable. Por ejemplo: ejemplares que emiten pfeifen muy huecas y lentas hasta que dan un paso más, golpeen y descubran el glucken, ellos lo emitirán perfectamente pero los otros se limitarán a imitarlo y lo más frecuente es que lo desvirtúen. Por tanto, debemos pasarlos entre 24 y 48 horas a jaulas de concurso, escucharlos con atención y descartar aquellos que no tengan buena voz o den inicio de falta. Esta primera selección debe ser rigurosa y no fijarse si es hijo de tal o cual ejemplar, o podemos lamentarlo. Lo ideal es dejar en cada jaulón entre cuatro y seis ejemplares. Los descartados pueden agruparse en grandes voladeras y, más adelante, tomaremos las medidas oportunas.

Al reducir  el número de ejemplares por jaulón la escucha es más individual e incluso podemos, con el separador, dejar unos minutos a cada pollo en medio jaulón y así  apreciar mejor su canto. Cuando tengamos la certeza que emiten las cuatro notas básicas podemos introducir los separadores, dejando cada machito en su departamento para que repase con más tranquilidad y se vaya acostumbrando a un espacio más reducido y a la alimentación a base principalmente de semillas.

  1. g) Al enjaular los noveles en jaulas de concurso, y proceder a su escucha, debemos anotar todo lo destacable, para ver si mantienen ese canto o con el tiempo lo cambian; pues el efecto jaulón tiende a diluirse con el paso del tiempo. A veces sobre enero o febrero casi no se manifiesta y al año siguiente, después de la muda, pueden producirse las grandes sorpresas. Una razón más para utilizar reproductores de cierta edad que hayan confirmado su personalidad.
  2. h) Una vez escuchados durante varios días y clasificados por tonos, debemos volverlos a los jaulones, ¿con separadores o sin ellos?, últimamente me estoy decantando claramente a favor del jaulón sin separadores, es cierto que se pelean y excitan, pero también se acoplan y armonizan. Lo ideal es colocar entre cuatro y seis ejemplares por jaulón, ahora sí que reuniremos a los familiares si son compatibles. En cada unidad tendremos lo que será un equipo y sus dos suplentes. Diez o quince días antes de los concursos los pasaremos a las jaulas pequeñas dejándolos, si es posible, solos en la misma sala, para que se escuchen y se acaben de armonizar. Pasado el concurso, de nuevo al jaulón, así los mantendremos sanos y alegres, les proporcionamos baño y no acusan tanto la falta de espacio de la jaula de concurso. Todo este proceso debe realizarse a plena luz, sin cortinas ni otros objetos que impidan el paso de la luz y el aire. Si necesitamos aplacar algún ejemplar por ser muy fogoso, lo ideal, es darle libertad en un amplio jaulón donde tengamos hembras. En estirpes bien desarrolladas los canarios están siempre a plena luz, la oscuridad sólo sirve para disimular la falta de calidad; las emisiones son de escaso volumen y los canarios parecen condenados a mazmorras, no sabemos por qué extraño delito. Todos podemos escuchar a nuestros canarios en el jaulón de cría, bien alimentados, en pleno celo y es cuando, probablemente, emiten el mejor canto. Quiero, por tanto, desde estas páginas hacer una llamada de atención a favor de la luz; nuestros canarios ya tienen fijado el canto y es injusto que los tengamos en penumbra.

Por tanto, el efecto jaulón puede ser controlado e incluso utilizado de forma favorable; como siempre, es la dedicación y capacidad del criador quien tiene la última palabra. Si tenemos un montón de canarios en una voladera, mezclados y sin ningún control, lo más probable es que se estropeen. Podemos cambiar de estirpe, importar de este o aquel país, cuando lo que tenemos que hacer es mucho más sencillo.

No quiero decir que lo descrito anteriormente sea lo único que se puede hacer, ni siquiera que sea acertado, es sencillamente mi experiencia.

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